¿Racionales o Racionalizadores?

pinocho%5B1%5D[1]Los seres humanos intentamos constantemente ser coherentes, es decir, que nuestra conducta sea consistente con nuestras creencias y actitudes. Pero desear ser coherente realmente no implica serlo.

La teoría que más éxito ha tenido a la hora de explicar la consistencia personal es la de la disonancia cognitiva, propuesta por Festinger en 1957. Esta teoría parte de que las personas rara vez admitimos nuestra inconsistencia (solemos preocuparnos más por justificarnos). En definitiva, Festinger cree que lo más normal no es la búsqueda de la consistencia, sino la racionalización de la inconsistencia. Cuando esta racionalización no tiene éxito sentimos un cierto malestar psicológico, una disonancia.

Se puede decir, que la disonancia cognitiva es un estado de tensión que se produce cuando un individuo intenta mantener simultáneamente dos cogniciones (ideas, actitudes, creencias, opiniones…) psicológicamente incompatibles. Por lo tanto, el fenómeno de la disonancia cognitiva se origina cuando existen cogniciones que no concuerdan entre sí (sean físicas, sociales o psicológicas). Sin duda, una gran parte de los seres humanos (y también de las organizaciones…) tienden a justificar sus propias creencias, sentimientos, actitudes y conductas, sin ir más allá, sin reflexión, sin auto-crítica y mostrando una inconsistencia sorprendente. La mayoría de las personas, cuando hacemos algo, solemos convencernos a nosotros mismos (y a los demás) de que era lo más lógico y razonable. Y en muchas ocasiones nos inventamos una historia, una auto-justificación a medio camino entre realidad y ficción, que nos permite no sentirnos culpables, estúpidos o malas personas.

El tema es: ¿por qué nos inventamos dichas historias? ¿Somos una “panda” de masoquistas paranoicos? Posiblemente no, simplemente estamos sucumbiendo ante la disonancia cognitiva. Como la disonancia es desagradable, nos vemos impulsados a intentar reducirla ¿Y cómo lo hacemos? Sencillo: cambiando una o ambas cogniciones para hacerlas algo más compatibles, o añadiendo nuevas cogniciones que nos permitan tender un puente entre las originales.

Normalmente, al realizar una elección (como por ejemplo, comprar un coche, incorporarse a una empresa, o apoyar un determinado modelo de negocio…) las personas tendemos a intentar reducir la disonancia que experimentamos al rechazar otras opciones, valorando más aquello que hemos elegido, o reduciendo el valor de lo que hemos desechado. Este proceso nos ayuda a justificar la decisión que hemos tomado.

En definitiva… somos más racionalizadores que racionales ¿o no?

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8 comentarios en “¿Racionales o Racionalizadores?

  1. Todo lo que comentas me cuadra perfectamente y es algo que siempre he pensado, aunque no conocía autores que lo analizasen tan a fondo.

    Otro caso sería cuando un científico construye un modelo que le permita prever el comprotamiento de un fenómeno, intenta que sea lo más simple posible y si luego falla en algo también está tentado a ignorarlo para conseguir que su modelo siga válido. Lo mismo con un programador que genera una aplicación que soluciona un conjunto de necesidades y al final le falla un detalle y en vez de corregrilo, modifica la necesidad…

    Para mi, un factor importante en todo esto es la necesidad de simplificar la complejidad de la realidad. Me encanta el ejemplo de la compra de un coche. Hay tantas variables y tantas opciones en cada una de ellas que es imposible encontrar una solucion óptima. Por lo tanto me invento unas cuantas creencias: “nunca comparé un diesel”, “los coches de lujo jamás valen la pena”, “los coches italianos son poco fiables”… y así reduzco opciones y consigo tomar una decision. Lo curioso es esto: Que me acabo autoconvenciendo de estas premisas que no tienen por que ser ciertas y una vez tomada la decisión, para no ser incosistente, creo profundamente en ellas y las vendo a los demás. ¿Quién a visto alguna vez a alguien que no defienda con pasión las bondades del coche que ha decidido comprarse?

  2. Ops! El comentario anterior es mío, no de “la serreta”, que es un blog de una asociación de vecinos que también está alojado en wordpress y que mantengo yo. La cookie de ese blog me provocado ese fallo!

  3. Hola Amigos:

    Estoy de acuerdo con el concepto de Disonancia Cognitiva. Se da a menudo, y con efectos perniciosos sobre los que sufren, o sufrimos, éste fenómeno. Pero forma parte de nuestra biología. Es el resultado de una maquina tan, afortunadamente, imperfecta como nuestro cerebro. Si la Disonancia Coginitiva está ahí, es porque necesitamos de ella de vez en cuando. De no ser así, no ascenderíamos montañas, aceleraríamos en las curvas mas de lo debido, cambiaríamos de trabajo por un impulso intuitivo, pediríamos conversación a aquella chica del fondo (umh, no se lo que tiene, pero me atrae..), u observariamos el mundo con un prisma diferente al que la racionalidad nos indica.

    No creo que estar abonado a esas disonancias sea lo idoneo, pero creo que nos vienen bien de vez en cuando. De lo contrario, acabaríamos locos manejando opciones y posibilidades a la hora de tomar decisiones. Dejarse llevar por la intuición, a veces funciona, aunque no coincida plenamente con el resultado de un proceso analítico, o creamos que está en contra de nuestra manera formal de ver y valorar lo que nos rodea.

    Eso sí, como decía un viejo profesor,,,”cuidado con la intuición, puede llevarles a equivocarse. Y lo que es peor; con gran seguridad”.

    Creo que toda buena receta vital deberá contener, mucha razón, una dósis de entrenada intuición y un toque de libre albedrío.

    Aceptemos que, de momento, aún no somos autómatas, y que, al fin y al cabo, la vida resulta más atractiva cuanto más impredecible se vuelve.

    Un saludo.

    Fran Romero
    Fuerza y Valor

  4. Hola,

    Creo que la forma en que lidiamos con la disonancia cognitiva tiene que ver con la madurez… al menos es lo que he podido experimentar y ver a mi alrededor. La gente menos madura (que habitualmente es la gente más joven…) suele ser menos tolerante a la disonancia cognitiva, a la ambigüedad, la incertidumbre y los infinitos tonos de gris.
    Así que una forma de entrenarnos podría ser, después de elegir y comprar el coche, intentar no convencernos de que es el mejor del mundo sino aceptar que es nuestra elección personal, tan respetable como la de los demás…

    ¡Saludos a tod@s!

    Sebas

  5. Pingback: La Esencia está en las Preguntas « Jano 2.0

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