El Sentido del Compromiso

Hace unos días leía en un grupo de discusión de LinkedIn un interesante debate sobre el compromiso. Algunos argumentaban que el compromiso es algo que viene de serie en las personas (o se tiene o no se tiene); en cambio otros planteaban la importancia del contexto (de la relación) para la aparición del compromiso.

Para empezar lo mejor será definir qué es el compromiso. La palabra compromiso procede del latín compromissum, y su concepción clásica se relaciona con una obligación contraída mediante acuerdo, promesa o contrato. Una definición interesante, pero que no tiene nada que ver con el actual uso de la palabra en el ámbito empresarial. ¿Qué se quiere decir en el mundo de la empresa cuando se utiliza la palabra compromiso? Es curioso, pero muchos la utilizan para identificar comportamientos que van más allá de acuerdos, promesas o contratos (curiosa paradoja…). De hecho, para muchos directivos, una persona está comprometida con la empresa, o con ellos, cuando está dispuesta a dar más de lo que recibe. Algunos incluso llegan a exigir compromiso a sus colaboradores, sin darse cuenta que el compromiso no se puede exigir, se obtiene… Desde mi punto de vista esta es una concepción fracasada del compromiso porque se basa en la idea de que sólo tiene que dar una de las partes, y eso no es compromiso, es egoísmo.

Creo que el verdadero compromiso, es un sentimiento de destino común que se produce en las relaciones cuando las partes (ambas partes) son capaces de ir más allá de las obligaciones, de lo obvio y de lo previsible. Y por supuesto, el compromiso se fundamenta en la libertad, la responsabilidad, la reciprocidad y la coherencia.

Pueden existir diferentes tipos de compromiso: con uno mismo, con lo que se hace (profesión), con un proyecto, con otra persona, con un equipo, con una organización… Pero al final todos ellos son cosa de dos (incluso el compromiso con uno mismo: tú contigo mismo) y dependen del contexto de la relación. Es cierto que cada uno de nosotros puede tener mayor o menor tendencia, o aversión, al compromiso en sus relaciones personales y profesionales (en función de sus valores), pero desde mi punto de vista, el contexto de la relación es la clave.

El contexto incluye multitud de variables (internas y externas a las partes), en muchos casos difíciles de gestionar, que influyen en el nivel de compromiso de la relación y en su duración: el lugar, la estructura social, la edad de las partes, su capacidad de comunicación, sus objetivos (explícitos y tácitos), sus valores, sus creencias, sus intereses, sus opiniones…

Hay un capítulo en El Principito que me encanta, y creo que tiene mucho que ver con el compromiso:

XXI: EL PRINCIPITO Y EL ZORRO

Entonces apareció el zorro:

— ¡Buenos días! —dijo el zorro.

—¡Buenos días! —respondió cortésmente el principito que se volvió pero no vio nada.

—Estoy aquí, bajo el manzano —dijo la voz.

—¿Quién eres tú? —preguntó el principito—. ¡Qué bonito eres!

—Soy un zorro —dijo el zorro.

—Ven a jugar conmigo —le propuso el principito—, ¡estoy tan triste!

—No puedo jugar contigo —dijo el zorro—, no estoy domesticado.

—¡Ah, perdón! —dijo el principito.

Pero después de una breve reflexión, añadió:

—¿Qué significa “domesticar”?

—Tú no eres de aquí —dijo el zorro— ¿qué buscas?

—Busco a los hombres —le respondió el principito—. ¿Qué significa “domesticar”?

—Los hombres —dijo el zorro— tienen escopetas y cazan. ¡Es muy molesto! Pero también crían gallinas. Es lo único que les interesa. ¿Tú buscas gallinas?

—No —dijo el principito—. Busco amigos. ¿Qué significa “domesticar”? —volvió a preguntar el principito.

—Es una cosa ya olvidada —dijo el zorro—, significa “crear vínculos… “

—¿Crear vínculos?

—Efectivamente, verás —dijo el zorro—. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo…

—Comienzo a comprender —dijo el principito—. Hay una flor… creo que ella me ha domesticado…

—Es posible —concedió el zorro—, en la Tierra se ven todo tipo de cosas.

—¡Oh, no es en la Tierra! —exclamó el principito.

El zorro pareció intrigado:

—¿En otro planeta?

—Sí.

—¿Hay cazadores en ese planeta?

—No.

—¡Qué interesante! ¿Y gallinas?

—No.

—Nada es perfecto —suspiró el zorro.

Y después volviendo a su idea:

—Mi vida es muy monótona. Cazo gallinas y los hombres me cazan a mí. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres son iguales; por consiguiente me aburro un poco. Si tú me domesticas, mi vida estará llena de sol. Conoceré el rumor de unos pasos diferentes a todos los demás. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra; los tuyos me llamarán fuera de la madriguera como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves allá abajo los campos de trigo? Yo no como pan y por lo tanto el trigo es para mí algo inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada y eso me pone triste. ¡Pero tú tienes los cabellos dorados y será algo maravilloso cuando me domestiques! El trigo, que es dorado también, será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo.

El zorro se calló y miró un buen rato al principito:

—Por favor… domestícame —le dijo.

—Bien quisiera —le respondió el principito pero no tengo mucho tiempo. He de buscar amigos y conocer muchas cosas.

—Sólo se conocen bien las cosas que se domestican —dijo el zorro—. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, los hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!

—¿Qué debo hacer? —preguntó el principito.

—Debes tener mucha paciencia —respondió el zorro—. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca…

El principito volvió al día siguiente.

—Hubiera sido mejor —dijo el zorro— que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la felicidad. Pero si tú vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón… Los ritos son necesarios.

—¿Qué es un rito? —inquirió el principito.

—Es también algo demasiado olvidado —dijo el zorro—. Es lo que hace que un día no se parezca a otro día y que una hora sea diferente a otra. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. Los jueves bailan con las muchachas del pueblo. Los jueves entonces son días maravillosos en los que puedo ir de paseo hasta la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.

De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando el día de la partida:

—¡Ah! —dijo el zorro—, lloraré.

—Tuya es la culpa —le dijo el principito—, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique…

—Ciertamente —dijo el zorro.

—¡Y vas a llorar!, —dijo él principito.

—¡Seguro!

—No ganas nada.

—Gano —dijo el zorro— he ganado a causa del color del trigo.

Y luego añadió:

—Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás a decirme adiós y yo te regalaré un secreto.

El principito se fue a ver las rosas a las que dijo:

—No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.

Las rosas se sentían molestas oyendo al principito, que continuó diciéndoles:

—Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mí rosa es igual que cualquiera de ustedes. Pero ella se sabe más importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas ) y es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa, en fin.

Y volvió con el zorro.

—Adiós —le dijo.

—Adiós —dijo el zorro—. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.

—Lo esencial es invisible para los ojos —repitió el principito para acordarse.

—Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.

—Es el tiempo que yo he perdido con ella… —repitió el principito para recordarlo.

—Los hombres han olvidado esta verdad —dijo el zorro—, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa…

—Yo soy responsable de mi rosa… —repitió el principito a fin de recordarlo.

P.D.: El compromiso aparece cuando en una relación las partes se han domesticado, han creado lazos y se sienten mutuamente responsables. El compromiso no nace de la nada…  ¡Y NUNCA SE EXIGE!

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15 comentarios en “El Sentido del Compromiso

  1. Gracias… hacia mucho que no leía el principito, pero desde pequeño he recordado la frase “…sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos…”.

    Ello creo que además implica una capacidad de Ver al otro, incluso antes de “domesticarnos”. Y una capacidad de Vernos a nosotros mismos.

    A lo largo de mi vida profesional no tengo tan claro que se potencia este aspecto… estamos en la infancia del mundo empresarial, donde aun no se ha desarrollado dicha capacidad, donde la necesidad de supervivencia arcaica predomina. Pero también veo grandes cambios. Gracias por hacer ese trabajo para ayudar a crecer y desarrollarse a las organizaciones.

  2. ¿Crees que mucha gente entiende “compromiso” como “sacrificio”? Quiero decir… “si no has sacrificado horas, parte de tu vida o tus ideas por la empresa, te dicen que no hay compromiso por tu parte”.

    • Hola Diego, creo que demasiada gente lo entiende así. Y efectivamente, el compromiso puede llevar en algún momento a determinadas contribuciones voluntarias (no me gusta la palabra sacrificio…). Pero que sólo esten comprometidos los que lo dejan TODO por la empresa (o por cualquier otro tipo de relación) es cuestionable.
      Además, hay momentos de la verdad, en los que sabes que tienes que contribuir a la relación de forma especial. Esos momentos se identifican gracias al sentido común.
      Por ejemplo, imagina que tu empresa en estos momentos necesita que hagas una serie de contribucione. Perfecto, las haces. Pero claro, el compromiso tiene que ser recíproco. Imagina que dentro de un tiempo tienes un hijo, por decir algo, y surgen una serie de problemas médicos que requieren tu atención. Una empresa compromedida entenderá perfectamente que dediques cierto tiempo a los problemas de tu hijo. Si no fuera así, tu compromiso con la empresa se rompería bruscamente.
      El compromiso se produce cuando las partes sienten que son importantes para el otro.

  3. Buenas tardes.

    Muy buena reflexión. Bajo el principio de ganar-ganar es como puede surgir y mantener ‘el compromiso’. De poco valen las palabras sino van seguidas de hechos.

    La reciprocidad como apuntas es necesaria, y no debe de ser simultánea, pero si que tenga una correlación. En las organizaicones las cosas llevan su tiempo, por lo tanto los sacrificios realizados por un empleado en aras a aumentar o medostrar su compromiso, deberán de ser reconocidos y derivar en un compromiso de la empresa hacia él. Puede que no instantáneamente, pero si en un corto plazo prudencial.

    Un saludo

  4. Querido amigo, muy buen artículo. El Principito me ha acompañado siempre. El único “pero” que le pongo es que sea un referente de la realeza quien dirija la acción. Fíjate “el sastrecillo valiente” o el Gato con botas. Plebeyos elos.
    Al tema. En una cena del G-13 con josé Aguilar (creo que viniste) me quedé con una frase por encima de todas: “Uno se compromete si le da la gana. No se puede obligar a nadie a comprometerse”.
    La última vez que hablé de este tema y saqué esta frase de José fue analizando el conocido como “Alcorconazo”. Todo un dechado de compromiso.
    Un abrazo y enhorabuena.

  5. Hola Antonio,

    Se te echaba de menos por aquí.

    Respecto a lo de la realeza de El Principito, tienes toda la razón. Un pequeño detalle…

    Y sí, fui a la cena de José Aguilar, y recuerdo más o menos la frase que comentas. Yo la matizaría diciendo, que uno se compromete si el contexto de la relación es el adecuado para que a uno le de la gana hacerlo, y evidentemente, no se puede obligar a nadie a comprometerse.

    Y lo del Alcorcón es un gran ejemplo. Hoy tenemos otro, el del Barsa. Increíble la capacidad de Guardiola para generar el contexto adecuado para el compromiso (me da cierta envidia sana, recuerda que yo soy del Atleti…).

    Un abrazo y gracias.

  6. Muy buena exposición sobre el compromiso en la empresa, por el cual se ha de establecer una promesa común (com-prometer) de cumplir cada uno con su parte del acuerdo, tácito o explícito, al abordar una tarea o una función.

    Me alegra el uso del texto de Saint-Exupéry, con el que coincido plenamente, Incluso, se podría seguir profundizando en él, como se recojo en:

    http://ictnet.es/2009/el-principito-y-la-gestion-empresarial

    Saludos,

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