Hace un tiempo, salía de una reunión con un cliente y nada más entrar en el coche empezó a sonar en la radio “Mi Limón Mi Limonero”, de Henry Stephen, y pensé que la canción podía resumir perfectamente la dinámica y el contenido de la reunión a la que acababa de asistir. Un grupo de personas diciendo palabras sin ton ni son en castellano, inglés y francés.
Seguramente muchos recordaréis la canción, pero por si acaso os la refresco:
…
Mi limón, mi limonero
entero me gusta más
Un inglés dijo yeah,yeah
y un francés dijo oh lala
…
Me siento malo morena
cabeza hinchada morena
Que no me paro morena mmm, voy voy voy
…
Aaayayai, limones para beber
Aaayayai, limones para beber
Aaayayai, limones para chupar
Aaayayai, limones para chupar
…
Tiene narices la letra…
Por cierto, también he encontrado el vídeo en youtube, por si os apetece recordarla:
Lo más curioso es que tanto la reunión como la canción tenían una música pegadiza, un ritmo contagioso (que aparentemente gustan), pero una letra sin sentido alguno. Ambas situaciones me produjeron la misma sensación de perplejidad ante el absurdo. Tanto al finalizar la reunión como al terminar de escuchar la canción me hice la misma pregunta: ¿De qué coño ha ido esto? Pasado un mes sigo sin resolver el misterio.
Una semana después de la reunión, asistí a un tribunal, en el que los alumnos de un master nos presentaban un caso a varios profesores. Curiosamente el efecto “Mi Limón Mi Limonero” volvió a aparecer ante mis perplejos ojos. Estaba exponiendo un equipo, cuando de repente uno de sus miembros (un profesional realmente brillante, todo sea dicho) va y suelta una frase del tipo: “creemos que la mejor opción es integrar verticalmente el departamento comercial con el objetivo de mejorar el ROCE y la eficiencia en los eslabones verticales de la value chain”. Confieso que los profesores nos miramos unos a otros, intentando entender el sentido de la expresión y disimulando la risa (sin mucho éxito). En la conversación posterior nos preguntábamos: ¿los estamos formando para que se expresen así? La respuesta: posiblemente sí.
Como nos gusta utilizar jerguilla vacía en nuestras conversaciones empresariales…











Algunos profesores os mirasteis porque sabeís por donde van los tiros, de hecho, tendríais que plantearos porque diciendo esas palabras pomposas creía que os iba a impresionar.
La historia es que si ese alumno suelta ese tipo de gilipolleces ante un grupo de directivos o jefecillos casposos lo más probable es que le den palmaditas en la espalda comentándole el gran futuro que tiene en la empresa, su talante innovador, que con esa actitud… la empresa va a subir a la estratosfera de su mano… etc, etc.
Yo creo que hemos llegado a un punto en que el que a uno le de vergüenza preguntar o analizar lo que no comprende sobre las ideas que le quiere dar otro, ya que el preguntarlo sería de ignorante o de quedar como menos, siendo mas facil alabar y pelotear lo que no se comprende, esta haciendo que esas gilipolleces, al que se le da el sello de genialidad, se implanten… sucediendo las chapuzas que aparecen en las organizaciones. El problema es que para implantar la gilipollez en cuestión se vuela, y para darse cuenta que lo es, pensar como se quita etc, etc… se tardan siglos.
Hola ashmanix, sin duda los profesores entonamos el “mea culpa”.
Respecto al segundo párrafo, no lo sé, la mayor parte de los profesores (de escuela de negocios) también somos directivos (espero que no casposos), y no le dimos palmaditas en la espalda.
En cuanto al tercer párrafo, me has recordado un pasaje de “¿Está Usted de Broma Señor Feymna?, sobre el que tengo que escribir un post.
Yo creo que estamos ante un efecto perverso, en un mundo donde la rapidez adquiere mayor presencia, la dinámica de la comunicación pide mas simplicidad, pero no por ello se pueden perder no solo las formas sino la inteligencia y el conocimiento.
Si en el Siglo XVIII los cañones tenian inlcuso adornos, la tendencia desde luego no pervivió en el armamento moderno aunque ambos perseguían el mismo objetivo. Sin embargo los constructores del Siglo XVIII considereba que se podría “perder” tiempo en ornamentar el artefacto.
¿Eficacia perdiendo rigor y cultura?. No. Hay que aumentar la educación para no perder riqueza léxica pero sabiendo adaptarse al mundo empresarial.
Hola Jose M., creo que mantener un lenguaje inteligible no esta reñido con el rigor, la inteligencia o el conocimiento. Adornar una expresión puede estar bien, pero sin perder el norte… ¿no?
Por supuesto, fijate Góngora y Quevedo.
Me ha encantado el artículo. Gracias.
Hemos entrado en el reino de lo “insignificativo”. Un discurso insignificativo hace un bucle sobre sí mismo, sin conseguir significar nada fuera del propio discurso.
En un discurso insignificativo, cualquier término es intercambiable con otro sin que el texto pierda o adquiera ningún significado.
Es una forma hueca de hablar sin no comunicar nada, salvo dar la ilusión de decir algo tan importante que nadie consigue entenderlo.
Ejemplo, adaptado del libro “Le parler creux sans peine” de Didier Noyé.
Prueba combinar cualquier palabra de un grupo con cualquiera de todos los demás grupos. Te sorprenderás. Cualquier combinación tiene exactamente el mismo no-significado bajo las apariencias de una declaración sumamente sabia.
(1) La excelencia / La intervención / El objetivo / El diagnóstico / La experimentación / La formación / El método
(2) Moviliza / refuerza / revela / estimula / modifica / clarifica / perfecciona
(3) Los procesos / los parámetros / los cambios / los conceptos / los talentos / los requisitos
(4) Organizativos / institucionales / cualitativos / analíticos / característicos / motivadores / estratégicos
(5) De las prestaciones / del dispositivo / de la empresa / del grupo / del proyecto / de las estructuras / del meta-contexto
¿A que mola? Perdón, quería decir:
Observamos inapelablemente que esta declaración estigmatiza la trascendencia metafórica del meta-contexto.
Michel
Hola Michel, curioso: todas las frases parecen tener sentido sin tenerlo. Por cierto, ¿está traducido el libro de Noyé al castellano?
Hola Juan, desgraciadamente, no.
Me gusta como lo has expresado, “tener sentido sin tenerlo”.
El target de esta extraña mania me resulta incomprensible, pero ciertamente, como se ponga de moda la terminologia china, lo llevamos clear.
Un saludo
Hola Jose Luis, espero que no…
Bastante tenemos con el “castellano salpicado” (de inglés).
Juan, el Liderazgo 1.0 sigue vigente¡¡¡ Siempre negatifo, nunca positivo…que horror
Hola Daniel, aunque no tenga que ver con el post. Cuanta razón tienes, recordando a Louis Van Gaal…
Pues he llegado aqui por el comentario de “mi limón mi limonero”, canción que canté y bailé de niña sin conocer la letra. Como no soy ni quiero ser parte de una escuela de negocios como tal, prefiero compartir la parte divertida. Si quereís os explico la letra de la canción….je, je, je….¿Será posible que no le encontreis el doble sentido a toda la canción? Yo me he partido al escucharla. Más divertido que las reuniones, seguro que es. Bon courage et bye bye!
Ah y en mis reuniones sí que tengo la desverguenza de decir, perdona, pero no he entendido lo que has dicho.¿Podrías explicarlo de nuevo para que me quede claro? Y al final de la reunión explico con mis palabras lo que he entendido…y los demás, no me importa que piensen que me faltan metros de CI para dar la talla.
Perdonad mi intromisión en el mundo del business. Soy una simple traductora que detesta los textos económicos.