Obediencia a la Autoridad y Maldad Inducida

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“Cuando un hombre estúpido hace algo que le avergüenza, siempre dice que cumple con su deber”

George Bernard Shaw

  

Partiendo de esta cita de George Bernard Shaw me gustaría invitaros a reflexionar sobre la relación entre maldad y obediencia a la autoridad. La gran pregunta es: ¿hasta qué nivel de maldad puede llegar el ser humano obedeciendo ordenes?

 

Existe un número importante de individuos que cuando tienen poder tienden a inducir a los demás a comportamientos destructivos. Hacer que otros aprendan a hacer el mal, puede llegar a convertirse en una muestra suprema de poder. Lo más triste es que la mayoría de las personas pueden llegar a obedecer las órdenes más malvadas sin rechistar, sin considerar el mal que causarán a otros.

 

Después del holocausto nazi, el mundo se preguntaba como era posible que tantos oficiales de las SS hubieran entrado en el “juego” de matar a doce millones de personas, fusilándolos, gaseándolos, torturándolos… en cumplimiento, supuestamente, de órdenes de sus superiores. Stanley Milgram, profesor de psicología de Yale, ideó un experimento para estudiar la obediencia a la autoridad, y demostró que cualquier ser humano racional, sometido a cualquier situación particularmente persuasiva era susceptible de dejar de lado los preceptos morales y cometer las mayores atrocidades en cumplimiento de una orden.

 

La idea de Migram surgió a raíz del juicio de Adolf Eichmann (1960). Eichmann fue condenado a muerte por crímenes contra la Humanidad. Había sido el encargado de organizar la logística nazi (recogida, transporte y exterminio de los judíos). Lo más fascinante del juicio fue que Eichmann se mostró extremadamente sorprendido ante el odio que le mostraban los judios. Llego a decir que él sólo había obedecido órdenes y que obedecer órdenes era algo bueno (con dos “co…”). Llegó a escribir en su diario lo siguiente: “Las órdenes eran lo más importante de mi vida y tenía que obedecerlas sin discusión”. Seis psiquiatras examinaron a Eichman y todos ellos llegaron a la misma conclusión: se trataba de un individuo sano, una persona corriente.

 

Analicemos el experimento que ideo Milgram:

 

Milgram puso un anuncio en prensa: “Gane 4 dólares por una hora de su tiempo. Se necesitan personas para un estudio sobre la memoria”. Los voluntarios atraídos por el anuncio llegaban, se les llevaba a una habitación y se les entregaban los 4 dólares prometidos en el anuncio. A continuación entraba otro supuesto voluntario en la misma habitación (compinchado con Milgram). El investigador, con bata blanca, les decía: “Estamos estudiando los efectos del castigo en el aprendizaje. Uno de ustedes será el alumno, al que se castigará con descargas eléctricas cada vez que cometa un error al repetir los pares de palabras que se leerán en voz alta y deberá memorizar; el otro será el profesor, que aplicará el castigo cuando el alumno se equivoque”. Al voluntario real siempre se le asignaba el papel de profesor (aunque se simulaba siempre un sorteo). A continuación se ataba al falso “alumno” en la silla eléctrica (muy bien simulada, por cierto). El “profesor” debía atar al “alumno”, echarle crema en las manos, ajustarle las correas… Después se le llevaba a otra habitación desde la que se controlaba la silla eléctrica (con un generador capaz “supuestamente” de proporcionar descargas de hasta 450 voltios). El investigador de bata blanca le decía al “profesor”: “lea estas series de palabras, cada vez que se equivoque le deberá aplicar una descarga” (las descargas aumentaban gradualmente). A continuación se le ofrecía al “profesor” la posibilidad de recibir una descarga de 45 voltios de muestra (que todo el mundo aceptaba).

 

El experimento comenzaba… Mar, Lago, lirio, rosa, luna, sol, risa, niño… chocolate, nata… Primer error (primera descarga de 15 voltios). Continúa el experimento. El alumno se vuelve a equivocar (30 voltios). Al momento ya son 120 voltios. El “alumno” grita: “¡Sáquenme de aquí!”. El investigador dice: “El experimento no ha terminado, debe seguir adelante” (con cara de póquer…). El profesor sigue. El alumno se vuelve a equivocar. Comete varios errores seguidos (150 voltios). El “alumno” chilla y dice que está enfermo del corazón (el “profesor” se preocupa). El investigador insiste: “Continúe, las descargas le hacen daño pero no son perjudiciales. No se producirán daños permanentes en los tejidos. El experimento no ha terminado, debe seguir adelante”. El investigador esta muy seguro de sí mismo (el sabe lo que hace…). El “profesor” se concentra en la tarea, sigue con sus pares de palabras y proporcionando descargas eléctricas al “alumno”. Al recibir la descarga de 315 voltios el “alumno” lanza un grito estremecedor. En los 345 voltios el “profesor” se vuelve hacia el investigador (se siente raro…). El investigador dice: “Considere el silencio como una respuesta errónea”. El “profesor” sigue… (muchos siguieron hasta los 450 voltios, es decir, habrían matado al alumno si el experimento hubiera sido real). El investigador finalmente dice: “Ya hemos terminado”. Al cabo de unos instantes el “alumno” entra por la puerta sin ningún problema…

 

Al terminar el experimento, Milgram le hacía unas preguntas a los “profesores”: nivel de estudios, religión,… (la gente le respondía a todo); y antes de despedirlos les contaba el verdadero objeto del experimento: “En realidad el alumno no sufría. Este no es un experimento para estudiar el aprendizaje. Lo que queremos estudiar es la obediencia a la autoridad”.

 

Los resultados de Milgram fueron asombrosos: El 65% de los “profesores” llegaron hasta el final. Esto implica que el 65% de las personas, ante una autoridad creíble, son capaces de obedecer órdenes hasta el punto de llegar a producir la muerte de otra persona…

 

Milgram, antes de realizar el experimento, realizó un sondeo entre psiquiatras eminentes (y otros grupos de control) y todos predijeron lo mismo: Las personas no aplicarán las descargas eléctricas hasta el final, abandonarán a los 150 voltios como máximo (salvo los individuos en el límite de la patología o los “criptosádicos”). Tremendo error, la mayoría aplicó las descargas hasta el final. Incluso hoy, todos pensamos: “Yo no lo haría”. ¿Seguro?

 

El experimento inicial se realizó en Estados Unidos, pero posteriormente se repitió en muchos países del mundo. Los resultados fueron siempre muy parecidos. Parece increíble, ¿verdad?

 

¿Y qué pasa en el mundo corporativo? ¿Podríamos extrapolar los resultados de Milgram a la empresa? Sin duda estamos ante un problema de carácter, de personalidad… incluso moral.

7 comentarios en “Obediencia a la Autoridad y Maldad Inducida

  1. Hace un par de días vi una magnífica película alemana llamada “La Ola”. En ella se pone de manifiesto el poder sin límites de la autoridad cuando es reconocida como tal y la necesidad de pertenencia a grupos, sean estos del cariz que sean.

    Muy interesante y muy recomendable.

    Recomiendo también otra película (creo que también alemana – ¿fijación? -) más antigua que se llama “El experimento” y se basa en lo que cuentas.

    Y una más…la novela de William Golding (Premio Nóbel) “El Señor de las moscas”.

  2. No he visto “La Ola”, prometo ir a verla y comentarla en el blog. Si recuerdo haber visto hace años “El experimento”, que efectivamente se basa en Milgram.

    Y por supuesto, “El Señor de las Moscas” es una novela que hay que leer o incluso releer. Recuerdo que me impacto enormemente. El tema de fondo de esta novela es la nauraleza humana: la autoridad, los valores, el salvajismo… Es fascinante analizar cómo unos niños ingleses que sobreviven a un accidente de avión, reproducen muchos de los males de la sociedad en una pequea isla. Para mí, “El Señor de las Moscas” es más que una novela.

    Antonio, gracias por el comentario. Esta misma noche volveré a leer “El Señor de las Moscas” (15 años después…).

  3. Buenos días.
    He entrado en este blog buscando información sobre el experimento que se decribe, y he oido hablar del mismo, en un interesante documental sobre la américa corporativa llamado “Enron, los tipos que estafaron a America”.
    En el hay una descripción clara de cual es la moral de los que parecen ser lo líderes mundiales: la gente que controla el capital y la gente que detenta el poder político.

    Casi puedo decir que he entrado en depresión después de ver este documental en el cual se demuestra que la gente puede hacer cosas verdaderamente terribles cumpliendo “su deber”. En él hay una descripción clara de como decisiones tomadas en un instante por los líderes corporativos pueden determinar el futuro de miles, y que tales decisiones jamás serán tomadas en favor de los que estamos aquí abajo en el mundo real, luchando por sobrevivir en este mundo aqueroso, en el cual gente como George Walker Bush puede llegar a ser la persona más poderosa de la tierra.
    Aquí llego al triste final de mi opinión, y formulo unas preguntas para quien pueda responderlas.
    ¿Qué se puede hacer para que estos sinvergüenzas no salgan inpunes de sus crímenes?
    ¿Cuando entenderemos que el dinero no es lo único y que el valor de la vidas de todos es el mismo?

    http://www.estudioziclon.com

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