Haciendo Solitarios

Las dinámicas sociales que se pueden producir en las empresas son todo un mundo, pero hay una que me parece especialmente dura para los individuos que la sufren: el aislamiento. ¿Por qué esa tendencia a aislar a determinadas personas del resto durante largos periodos de tiempo? Lo cierto es que las razones pueden ser de lo más diversas, injustas y peregrinas: envidia, competencia, miedo…

Normalmente el aislamiento se origina en algún comportamiento previo del individuo aislado, que ha sido percibido como peligroso por otro individuo. En estos casos, este último suele manipular a otros, mediante todo tipo de injurias y mentiras, para que aíslen al que no ha entrado en su juego (o que plantea una fuerte amenaza para sus intereses).

Lo más terrible de estas situaciones es que suelen producirse como consecuencia de los malos entendidos más insospechados. Las personas, en lugar de hablar e intentar solucionar sus problemas razonablemente, tienden a meterse en una espiral infinita de violencia y maldad, que sin duda da lugar a entornos laborales sumamente tóxicos. En estos casos los individuos dejan de concentrarse en su trabajo y centran todas sus energías en el conflicto.

Para entender lo que sienten los individuos aislados, vamos a recordar un curioso experimento realizado hace ya unos siglos:

Federico II, con el objetivo de descubrir el idioma original de los hombres, ordenó que se pusiera un cierto número de recién nacidos bajo los cuidados de nodrizas, a las que se les dio la orden estricta de atender con el mayor cuidado posible a los bebés, pero sin dirigirles la palabra en ningún momento (ni hablar con otros en su presencia). Mediante la creación de este vacío lingüístico Federico II esperaba poder comprobar si los niños comenzaban a hablar espontáneamente griego, latín o hebreo. Lamentablemente, el experimento no produjo ninguna conclusión, porque todos los bebés murieron…

Evidentemente el aislamiento social absoluto puede llegar a producir en las personas importantes daños emocionales. Como decía Víctor Hugo: “El infierno está todo en esta palabra: soledad”

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