La Esencia está en las Preguntas

Fromm afirmaba que a lo largo de la historia el hombre se ha concebido a sí mismo mediante una serie de atributos que, a pesar de parecerlo, no constituyen su esencia: razón, creación de una organización social, capacidad de producción y capacidad de creación de símbolos.

Posiblemente el atributo más manido, desde los griegos a Kant, sea la concepción del hombre como ser racional, que Freud se encarga de destruir ante la evidencia empírica de nuestra profunda irracionalidad. Sobre este tema, publiqué un post titulado “¿Racionales o Racinalizadores?”.

Una segunda forma de concebir al hombre ha sido entenderlo como un ser social, desde el punto de vista de que su existencia necesita de una organización social para desarrollarse (el hombre es un animal gregario más que solitario). Una concepción incuestionable.

Una tercera concepción (también incuestionables) parte del hombre como animal capaz de producir mediante herramientas, energía, ordenadores…

Y finalmente, la cuarta concepción se relaciona con la capacidad del hombre para producir símbolos, como el lenguaje, lo que le permite comunicarse, pensar, trabajar…

Para muchos, estos atributos son esenciales pero no constituyen la totalidad de la naturaleza humana; son simples potencialidades generales. Fromm se pregunta: ¿existe, más allá de estos atributos generales, algo que se pueda denominar “naturaleza humana” o “esencia del hombre”? Algunos filósofos como Kierkegaard, James, Marx, Bergson o Teilhard de Chardin perciben que dicha esencia humana tendría algo que ver con que el hombre se crea a sí mismo (es autor de su propia historia). Por su parte, los existencialistas afirman que carecemos de esencia, que somos ante todo existencia (somos lo que hacemos con nuestro ser a lo largo de la vida).

Fromm plantea que en el ser humano hay algo constante, una naturaleza del ser humano, y a su vez elementos variables que permiten la novedad, la creatividad, la productividad, el desarrollo de la conciencia… Y afirma que el hombre es un “monstruo de la naturaleza”, que habita en ella y al mismo tiempo la trasciende. Un ser lleno de contradicciones que le generan conflicto y temor, es decir desequilibrios que debe solventar. Pero una vez que lo hace, surgen nuevas contradicciones que requieren la búsqueda de un nuevo equilibrio… Por lo tanto, para Fromm la “esencia” del hombre está en las preguntas, no en las respuestas.

Me encanta la idea de Fromm: la esencia del ser humano está en las preguntas que se hace, no en las respuestas que genera…

¿Qué opináis?

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20 comentarios en “La Esencia está en las Preguntas

  1. Para mi estas nuevas contradicciones que surgen una vez resueltas las anteriores siempre se me ha parecido a la teoría de Piaget a los conceptos de asimilación y acomodación, que interactúan en el proceso superior de equilibración.

    Un saludo y felicidades por el post

    Sergio

    • Sergio, sin duda la teoría constructivista del aprendizaje de Piaget tiene mucho que ver con el planteamiento de Fromm.

      La asimilación para Piaget se basa en la experiencia (en lo conocido) y la acomodación en el cambio de la estructura cognitiva (y en el cambio de comportamientos) ante lo desconocido. Ambos procesos buscan el equilibrio.

      Ante nuevos desquilibrios, que no se pueden interpretar bajo el esquema establecido, teóricamente se produce una crisis que lleva a la búsqueda de un nuevo equilibrio (evidentemente inestable y dinámico).

      También se podría relacionar con la teoría de la disonancia cognitiva de Festinger. Sin disonancias no hay nuevas preguntas…

  2. Felicidades por el post.

    Para mí son inseparables las preguntas y las respuestas.
    Yo estoy muy de acuerdo con Fromm y Jung.
    Creo que el conflicto es inerente al ser humano. Y no necesariamente malo.
    Conflicto, desequilibrio, preguntas, respuestas, evolución, equilibrio, y de nuevo conflicto, desequilibrio…
    En mi opinión este es el fluir vital. No sé si podría ser de otra manera, pero creo que así es.

    Un saludo y feliz 2010!

    Enrique

    • Enrique, se dice que los filósofos son buenos haciendo preguntas, no tanto generando respuestas.

      También se dice que una buena pregunta es más del 50% de una buena respuesta.

      Y sin duda no hay respuestas sin preguntas…

      Respecto al conflicto, estoy de acuerdo contigo. El conflicto es el motor del cambio y del progreso; y es inherente al ser humano. Y no sólo no tiene nada de malo, es extraordinario.

      Gracias por tu reflexión.

    • José Miguel, las preguntas correctas… Ahí está la clave. El problema es que cómo se sabe cuales son las correctas. ¿Qué importancia tendrá en ese proceso de hacerse preguntas el azar? ¿Por qué partiendo de sucesos y conocimientos similares algunos se plantean preguntas y otros no?

      Una reflexión: ¿los niños hacen las preguntas correctas? ¿O lo “correcto” es un juicio que hacemos nosotros basándonos en nuestras creencias, prejuicios…? No sé si es posible saber que es lo correcto a priori…

  3. Buenas.

    Por eso me encantan la esencia de la infancia, porque esa´n llenos los niños de preguntas muchas de ellas sin maldad, pero repletas de ansias de saber y conocer.

    Es algo que con el tiempo los adultos vamos perdiendo y limitando a preguntarnos sólo sobre ciertos aspectos o cosas, pero ya no con la curiosidad de los niños.

    Las preguntas son una forma de aprendizaje constante, lo bueno es conseguir hacerse las preguntas adecuadas.

    Y más si eres gallego ;-) ¿o no?

    Un saludo

    • Hola José Luis, el mencionado Piaget trabajó mucho con niños; en ellos se aprecia esa curiosidad vital que vamos perdiendo con los años.

      Hace algún tiempo me pasó algo alucinante con una de mis sobrinas. Imagina: agosto, Astorga, acabas de terminar de comer y te vas a ver la tele (a ver si te entra el sueño) y entonces se te acerca un “mico” de siete años y te pregunta: oye Juan… ¿Qué fue antes, el mundo o Dios? (TÓCATE LAS NARICES). La verdad es que no sabía que decirle… Como no soy muy creyente, intenté balbucear algo sobre el Big Bang, la causalidad… Y alguna idiotez más. Al poco tiempo llegó su madre con el conocido… “no moleste más con tus preguntas idiotas”.

      Toma preguntas idiotas…

  4. Opino que no sómos sólo existencia, eso es sólo una pequeña parte del ser humano.
    Conocemos muy poco de nuestra esencia, algún dia, cuando consigamos no dejar por el camino esa esencia al crecer y logremos cuestionarnos debidamente, la descubriremos.

    Un saludo y feliz y próspero 2010!.

    • Gloria, supongo por tu comentario que piensas que la esencia está en las preguntas. Y que perdemos esa esencia al crecer, al dejar de hacernos preguntas.

      Entonces… ¿Merece la pena crecer y perder parte de nuestra esencia? ¿Se puede crecer manteniendo los ojos del niño que fuimos?

  5. Yo creo que el ser humano es lo que es por su imperfección. Ansía ser perfecto y lo intenta a través de las artes, las ciencias, la tecnología y de manera macabra a través de ideologías y política. Ya sabes eso de “la utopía no existe, pero sí lo que haces para intentar llevarla a cabo”.

    Y con respecto a Fromm… Si la esencia del ser humano está en hacerse preguntas, ¿por qué hay tanta gente que se cree en posesión de la verdad, no para preguntarse por qué toma determinadas decisiones y es capaz de suprimir a aquellos que le cuestionan?

    • Diego, grandísima reflexión. Poniéndome filosófico, diría que aquellos que siempre creen estar en posesión de la verdad tiene problemas de prepotencia y miedo (por eso suprimen a los que cuestionan)y, sin duda, han perdido la esencia…

      Demasiadas personas en el mundo laboral pierden la esencia.

  6. Qué buena reflexión.
    Einstein manifestó que si tuviera que resolver un
    problema en una hora y su vida dependiera de eso, dedicaría
    55 minutos a encontrar la pregunta adecuada y 5 minutos
    para la respuesta.
    Hagamos preguntas que inviten a cuestionar…

  7. Con respecto a la importancia de hacernos las preguntas adecuadas, intento recordar un texto del Tao sobre un maestro arquero y su alumno.
    Nos cuenta cómo en el proceso de aprendizaje el maestro mantiene al alumno observando cómo el primero realiza las distintas posiciones de tiro, sin permitir durante semanas al alumno ni si quiera tocar el arco.
    El alumno pasa semanas tan solo observando.
    Al cabo del tiempo, el alumno, que no acaba de entender de qué va la cosa, empieza a tener preguntas sobre las distintas posiciones de tiro, la forma de tensar el arco, etc.
    Un día el alumno pregunta sobre una de estas cuestiones.
    Es en ese momento cuando el maestro considera que el alumno está preparado para coger el arco.

    En este caso, las preguntas “adecuadas” provienen de la observación, la meditación, y probablemente tengan como objetivo la imitación del proceso establecido.

    ¿Coger el arco supone no acertar con las preguntas adecuadas?
    ¿La falta de observación/experiencia de los niños les conduce a hacer preguntas incorrectas??
    ¿Inventará tu sobrina el rifle y acabará con todos los arqueros?

    Enhorabuena por el blog, Juan.

    • Hola Pablo, gracias. Me encanta la historia que cuentas del Tao.

      Respecto a las preguntas adecuadas, inicialmente provienen de la observación y la meditación (interiorización). Después de la imitación, las preguntas adecuadas deberían estar relacionadas con la creación (para ir más allá de lo aprendido), ¿no crees?

      Por cierto, me he reido un buen rato con lo de mi sobrina. La verdad es que es una máquina…

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