Sobre el Bienestar, la Felicidad… y el Éxito Empresarial

smile

Siempre he pensado que la felicidad se encuentra en los “pequeños” detalles de la vida o quizás no tan pequeños: en una sonrisa, en un paseo tranquilo, en el abrazo de un amigo, en ver nacer a un hijo, en un reto conseguido, en trabajar en lo que te gusta, en ayudar a otros… Por otro lado, creo que las personas más felices son aquellas que no necesitan mucho para vivir, que no desean tener ni un Porche Cayenne, ni una casa en La Moraleja. Personas que han conseguido escapar a la ola de híper-consumismo galopante que nos atonta,  y que en el fondo, nos hace cada vez más infelices.

También, de alguna forma, siempre he pensado que la felicidad es una emoción transitoria; que hay días más felices que otros, incluso épocas más felices que otras. No hay más que recordar aquellos veranos de la adolescencia, los amigos, las bicis…. O aquellos momentos de noviazgo, de salidas y entradas, de actividad incesante. Todos ellos, sin duda, tiempos que solemos etiquetar como “felices”. Pero también podemos recordar, al  mismo tiempo, multitud de momentos no tan felices: la muerte de aquel amigo que se mató con la moto, aquella novia que te mandó a paseo, aquella comida del 11 de septiembre, aquel suspenso injusto, la muerte de tus abuelos… Todo esto me lleva a pensar que las personas más felices suelen tener otra cosa importante: son optimistas, manejan siempre expectativa positivas, incluso  en momentos de clara adversidad. Esto implica que además tienden a ser resilientes, saben aceptar y superar los malos momentos de la vida; saben salir de  la “noche oscura” y abrirse a nuevas posibilidades. Este tipo de personas con tendencia a la felicidad, tienden a sentirse protagonistas de su vida y sus circunstancias, creen que pueden hacer algo para cambiar las cosas, para ser felices, piensan que no son simples víctimas a la deriva de un destino incierto marcado por la aleatoriedad del entorno.

Al hilo de lo anterior, creo que una persona feliz es una persona que no se estanca, que crece, que es capaz de cambiar cosas en su vida si es necesario. Por ejemplo, un buen amigo arquitecto, al que siempre he considerado un feliz compulsivo y un optimista patológico, se quedó sin trabajo hace unos años (como por desgracia, le ha pasado a mucha gente). Pasó el duelo, se levantó, tuvo claro que no iba a ser fácil seguir viviendo de la arquitectura, ni ganar lo que ganaba. ¿Qué pasó? Se hizo administrador de fincas, estudió algo de contabilidad y derecho, y montó una pequeña empresa con otro amigo abogado. Gana algo menos que antes, pero le gusta lo que hace y sigue siendo feliz.

Buscando algo más de luz sobre el tema, acabo de desempolvar “El viaje a la Felicidad” de Punset, en el que aparece su conocida fórmula de la felicidad: Felicidad = E (M + B + P) / R + C = S / R + C

Donde:

Factores significativos (S): Emoción al comienzo y final del proyecto (E), Mantenimiento y atención al detalle (M), Disfrute de la búsqueda y la expectativa (B), Relaciones personales (P)
Factores Reductores (R): Ausencia de desaprendizaje, Recurso a la memoria grupal, Interferencia con los procesos automatizados y Predominio del miedo
La carga heredada (C): Mutaciones lesivas, Desgaste y envejecimiento, Ejercicio abyecto del poder político y Estrés imaginado

Confieso que por un momento he pensado arrancar la página del libro de Punset en la que aparece dicha ecuación, inspirado por el espíritu de “El Club de los Poetas Muertos” (http://www.youtube.com/watch?v=_D-mtCdYgsA), pero finalmente no lo he hecho. Me he dado cuenta que en mi anterior tormenta de ideas he tocado algunos de los puntos que plantea Punset. Por ejemplo, la  ausencia de desaprendizaje se puede relacionar con el no estancamiento y el sentirse protagonista,  el predominio del miedo con el optimismo y la resiliencia (de forma inversa), el disfrute de la búsqueda y la expectativa con el no estancamiento y las expectativas positivas, y por supuesto las relaciones personales se pueden asociar con lo que he denominado “pequeños detalles de la vida”. En cualquier caso, parece que me he dejado muchos factores por el camino…

Si nos adentramos en las tradiciones científicas sobre el estudio de la felicidad y el bienestar, nos encontramos con dos grandes escuelas de pensamiento: la hedónica y la eudemónica. La perspectiva hedónica nos dice que el bienestar consiste en el placer o la felicidad (bienestar y felicidad serían sinónimos en este caso). Por su parte, la perspectiva eudomónica plantea que el bienestar no sólo consiste en ser feliz, sino también en desarrollar nuestro potencial.

Desde la psicología hedónica se plantea el concepto “bienestar subjetivo”, centrado en medir tres factores: satisfacción con la vida, afecto positivo y afecto negativo (estos dos últimos conceptualmente independientes). Para Ed Diener el bienestar subjetivo trata de cómo y por qué la gente experimenta su vida de forma positiva, incluyendo tanto juicios cognitivos como reacciones afectivas. Por lo tanto, el bienestar subjetivo vendría a ser una especie de juicio global que las personas hacemos de nuestras vidas (oportunidades vitales, acontecimientos a los que nos enfrentamos, experiencias emocionales…), junto a un balance de afectos positivos y negativos. Dentro de esta tradición, se diferencia entre satisfacción y felicidad. La satisfacción sería un juicio a largo plazo de nuestra vida, mientras que la felicidad se correspondería con el balance de afectos positivos y negativos que provoca la experiencia inmediata.

Por otro lado, los seguidores de la perspectiva eudomónica (más reciente) utilizan el concepto “bienestar psicológico” para medir la felicidad y el bienestar. El bienestar psicológico centra su interés en el desarrollo personal, en la forma de afrontar los retos vitales, así como en el esfuerzo y el afán por conseguir nuevas metas. Para Ryff, uno de los padres de esta corriente, una persona feliz tiene altos niveles de autoaceptación y autonomía, mantiene relaciones positivas, percibe cierto dominio sobre su entorno, tiene un propósito en la vida y desarrolla sus potencialidades (crecimiento personal).

He de confesar que me encanta el planteamiento que hace la perspectiva eudomónica, pero en cualquier caso tanto una como otra presentan al sujeto relativamente aislado del medio, cuya satisfacción, felicidad y crecimiento personal se produce al margen de las condiciones sociales de su existencia. Para solucionar este problema, Keyes propone tener en cuenta tanto lo individual como lo social, planteando el concepto de “bienestar social” (que no es más que la valoración que hace el sujeto de sus circunstancias sociales). Para Keyes el bienestar social tiene que ver con las relaciones que mantenemos con nuestro contexto social, con generar sentimientos de pertenencia a un grupo, con sentirse útil para dicho grupo, con nuestra capacidad para entender las dinámicas sociales y con la confianza en el progreso futuro del grupo.

Después de analizar todo esto, me viene a la mente una encuesta realizada por Gallup, en la que se concluía que sólo el 15% de las personas dan lo mejor en su empresa. En dicha encuesta, se identificaba que los directivos con más éxito tenían a su cargo personas que puntuaban de forma máxima en las siguientes afirmaciones:

  1. Sé lo que se espera de mí en el trabajo.
  2. Tengo los materiales y el equipo que necesito para hacer bien mi trabajo.
  3. Tengo la oportunidad de expresar mis mejores capacidades cada día en mi trabajo.
  4. He recibido en los últimos siete días algún reconocimiento o felicitación por hacer un buen trabajo.
  5. Le importo como ser humano a mi supervisor.
  6. Se preocupa mi supervisor por mi desarrollo profesional y humano.
  7. Son tomadas en cuenta mis opiniones.
  8. Es mi trabajo importante como parte de la misión y el propósito de la compañía.
  9. Están mis colegas comprometidos con hacer trabajos de alta calidad.
  10. Tengo un buen amigo en el trabajo.
  11. He hablado con alguien sobre mi progreso en los últimos seis meses.
  12. He tenido oportunidades durante este último año para aprender y crecer.

No hace falta decir mucho más, ya que la mayoría de estas afirmaciones se pueden relacionar tanto con el bienestar psicológico como con el bienestar social. Cada vez tenemos más claro el gran papel que juega la calidad del liderazgo en la satisfacción laboral. Y evidentemente una empresa FELIZ será una empresa más innovadora y con más éxito. Si esto es así: ¿Por qué tantos directivos siguen alentando contextos de trabajo que sólo generan infelicidad? ¿Por qué tantos excesos de control? ¿Por qué son tan habituales la sumisión y el miedo como formas de gestión?

Publicado en Capital Humano

Imagen: Joe Shlabotnik

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s